Lara, Matilda y el proceso de autodestrucción

Quizá vivo todo demasiado intensamente, pero no puedo evitar sentir una montaña rusa de emociones cuando me enfrento al proceso de escritura de guion.

Tampoco puedo evitar hacer de cada guion algo personal, y que los personajes que escribo lleven tintas de recuerdos o sensaciones que me han marcado; desde el nombre que salió en una canción que me encantaba, hasta una reflexión que compartí con alguien. Parafraseando a Gasset diría que “yo soy yo y mis guiones”.

Sin duda esta personificación me lleva por esa montaña rusa que nombraba al principio, no puedo evitar enamorarme y odiar a cada personaje y a cada texto. Siempre he pensado que los mejores guiones son los que llevan tintas de personalidad, pero cada vez me parece más admirable hacer un guion impersonal y alejado de una figura propia, siendo capaz de sumergirte en la ficción y alejarte de cualquier realidad.

Lara y Matilda

Lara y Matilda son los dos personajes que he escrito durante mi último proceso, ambas muy parecidas a mí y a personas que han pasado por mi vida.

Creo que puedo sentir el dolor de Lara como uno propio, sin duda su dolor fue mi dolor en una época anterior.

En Matilda puedo sentir la pena y la tristeza que por fortuna todos hemos pasado alguna vez en nuestra vida, una tristeza que puede convertir a cualquiera en el villano perfecto, pero que no pretende ser más que una carta de amor a mi “Matilda”.

Puede que cuando escribí el primer boceto de este guion hace más de medio año, lo escribiera desde el dolor y la impotencia, pero ahora que he abandonado esos sentimientos es cuando he sabido lo bonitos que eran.

Con este guion no he pretendido otra cosa que no sea rememorar el deseo que cualquiera siente cuando pasa por una perdida. Un deseo de control y de autocontrol que en ningún caso vence al dolor.

Un deseo enfrentado a la realidad de que este se desvanezca, y la esperanza de que, si no posees el control, por lo menos tengas el alivio del olvido.

No he pretendido ser sentimentalista (nunca lo pretendo), ni tampoco metaforizar sobre conceptos tan abstractos como los sentimientos, tan solo he acompañado a dos personajes maravillosos en un pequeño viaje que todos realizamos.

Ahora, que me tengo que enfrentar al abismo del guion técnico no podré evitar preguntarme si han faltado sentimientos, o si esta historia es la adecuada para contar en forma de corto, pero no creo que este deba ser otro guion que abandonar, y por lo menos, me debo intentarlo.   

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