ADÁN

Por razones ajenas a mi lógica Adán ya no es solo mío. Hice lo que me prometí que nunca haría, compartirlo con alguien ajeno a este mundo que llevo tiempo intentando construir.

Para contextualizar diré que Adán no es más que un personaje que escribí hace tiempo, un reflejo de un yo anterior que probablemente nunca vaya a recuperar. Tuve la oportunidad de hacer a Adán tangible y real con un cortometraje, pero mis miedos junto a mi amor me obligaron a negarme a esa propuesta. Adán se concibió en una historia de 60 minutos, y ya nadie rueda historias de 60 minutos, así que probablemente se acabará sintetizando con mi cajón con la ayuda del tiempo.

Había pasado meses sin leerlo, pero hoy lo he releído. He redescubierto a ese personaje que ya ni siquiera me resulta tan familiar, y como con todas mis historias lo primero que he hecho es odiarle, pero por raro que parezca lo segundo que he hecho es echarle de menos.

No es que ya no quiera lo mismo que él, es que nos separan un abismo de experiencias. Quizá lo convertí en un personaje tan “yo”, que ahora soy incapaz de sentir otra cosa que no sea pena por él. Así que lo siento Adán, siento renegarte al olvido y al que hasta la fecha es mi mayor fracaso, pero la vida no me ha dejado otro remedio.

He pensado en levantar el teléfono, y hablar con quien en aquella época me ayudaba a escribir el guion, en decirle que quiero intentarlo de nuevo, y que quiero una historia de 60 minutos, pero no lo he hecho, podría culpar a la cobardía, pero lo cierto es que no creo que tenga nada que ver.

Escribo estas líneas desde la melancolía, pero también desde la felicidad. Veo trazas de banalidad en un personaje que creía totalmente profundo, veo trazas de banalidad en unas ideas que consideraba únicas.

No pretendo conectar otro verso con otro, estos versos son caóticos y desordenados, y eso hace de ellos una perfecta metáfora de lo que él me transmite. Tampoco pretendo llamarlo versos, es demasiado poético para alguien como yo.

Sé que a quien lea esto no le importará lo más mínimo Adán, no deja de ser un concepto inacabado. Iba a levantar mi taza de café y a prometerle que algún día lo reescribiría, pero a quien quiero engañar, a mí tampoco me importa lo más mínimo Adán.