Miedo y estupidez

Pararse a reflexionar sobre ti mismo y tu momento actual en un mundo que no te deja tiempo para respirar, que te obliga a estar constantemente consumiendo o haciendo, es una decisión peligrosa, las preguntas pueden no conducirte a ningún lado o pueden decírtelo todo, pero hacerlo justo antes de iniciar algo con lo que llevas soñando mucho tiempo es realmente estúpido.

Y sí, que nadie lo dude ni un segundo; ese estúpido soy yo. En 12 días (digo esto a 18 de enero) empiezo el rodaje de Entelequia mi primer cortometraje detrás de las cámaras como director y guionista a la vez, y negar el miedo sería tan estúpido como reflexionar sobre él o sobre si seré capaz de hacerlo, pero aquí estoy.

No voy desnudo, he tenido algunas experiencias detrás de las cámaras, pero eso no me hace ganar más confianza ni ir más seguro, sé que este no es mi mejor guion, probablemente haya abusado de poesía de paso de cebra en algunos diálogos y de alguna metáfora demasiado obvia como para llamarse metáfora, pero siento que es el proyecto perfecto para empezar, tiene tantos errores que sin siquiera empezar ya estoy aprendiendo de él.

Sé que la calidad audiovisual será magnífica, el equipo que me rodea es maravilloso, de hecho, soy el más estúpido de todos (pero esto que quede entre vosotros y yo, no quiero parecer estúpido en mi primer día como director).

Aunque entre estupidez y estupidez se pueden rescatar pinceladas de las que me siento muy orgulloso, es una de esas historias que me han ayudado a cicatrizar cosas de mi vida personal, a entender mejor lo que es perder, y que, a pesar de todo, la vida sigue después de la pérdida, aunque duela.

Y quizá la peor decisión que puedo haber tomado con este corto sea ponerme tras las cámaras y dirigir, no porque no me apasione y no sea mi sueño, si no porque estoy convencido que lo haré de la peor forma posible dando el 100% de mí.

Y ya está, ya me he victimizado lo suficiente, hora de rodar.