La odisea de rodar Entelequia

Dirigir tu primer cortometraje escrito es una montaña rusa de emociones, miedos y sensaciones. Hace unos meses, cuando escribí Lara, Matilda y el proceso de autodestrucción no tenía nada claro que este sería mi primer proyecto con firma propia, pero así ha sido, el pasado 30 y 31 de enero me sumergí en la dirección de un proyecto que me ha provocado tanta satisfacción como sufrimiento.

Supongo que lo correcto sería contar de donde surge Entelequia y porque decidí llevarlo a cabo a diferencia de todos mis otros guiones, pero creo que en algún artículo anterior dejé ver el porque de todo esto, así que me centrare en el corazón de todo proceso cinematográfico, el rodaje.

Explicar linealmente lo que sucedió se me haría imposible ahora mismo, mi cerebro solo es capaz de recordar como una de las localizaciones fallo, como nos expulsaron de otra y como finalmente conseguimos un sitio que encajaba en Entelequia, pero que estaba lejos de nuestra intención inicial.

Sabia por experiencia propia que enfrentarse a un rodaje nunca es fácil, pero curiosamente mi mayor enemigo en este fue uno que no conocí hasta ese momento (o al menos de forma tan radical), el paso del tiempo. Tengo flashbacks de mi (maravilloso) ayudante de dirección, Xavi Solé, presionándome para que no repitiera escenas, ya que el plan inicial de rodar todo en dos días se había diluido 24 horas antes, cuando nos falló la primera localización y nos obligó a realizar la parte más larga en un solo día.

El exterior tampoco fue mi mayor aliado en esta carrera contrarreloj; el viento sacudió el sonido y la cámara en algunas ocasiones, las ambulancias que salían del Hospital del Mar buscaron protagonismo, las nubes se empeñaron en robarnos alguna que otra toma y la complejidad de algunos planos nos obligaron a repetir secuencias de una sola línea.

Y aunque parezca mentira, después de toda esta tormenta de infortunios pudimos acabar el rodaje, gracias a cada una de las personas que me rodeaban y se encargaban de cuidarme, y más importante aún, cuidar esta producción.

Creo firmemente que mi nombre en los créditos debería aparecer en pequeño y detrás de toda la gente que me ha acompañado en este viaje, así que me queda volver a agradecerles de forma pública que hicieran esto posible, gracias de corazón, nos vemos en próximos proyectos.